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¿A donde va el deseo cuando volvemos a ponernos la ropa? (Parte II)

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¿A dónde va el deseo cuando volvemos a ponernos la ropa? (Parte II) El viento de la noche nos envolvía mientras caminábamos por la ribera del río, el silencio interrumpido solo por el crujido de las hojas bajo nuestros pies y nuestras respiraciones aún entrecortadas. Nos mirábamos sin decir nada, como si las palabras fueran innecesarias. La tensión entre nuestros cuerpos había alcanzado un punto en el que cualquier roce accidental desataba chispas. Ella me tomó de la mano y tiró de mí hacia un rincón apartado, oculto tras los arbustos. No había más luz que la de la luna, y nuestras sombras entrelazadas se confundían en la oscuridad. El mundo alrededor desaparecía, dejándonos solos, como si fuéramos el centro de todo. Me empujó suavemente sobre el césped y, sin mediar palabra, se inclinó hacia mí y me besó con una intensidad que me hizo olvidar todo lo demás. Mi abrigo quedó como un improvisado colchón, mientras nuestras manos comenzaban a despojarnos mutuamente de la ropa, desatando el...

Ella y yo, Yo y ella

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Ella, desnuda de cuerpo y mente ante mi Yo, quitando mi ultimo calcetín Ella, amarrada a mi cintura Yo, perdido entre sus dedos Ella, tan viciosa pide amor Yo, tan tantrico mordiendo suavemente sus pezones Yo, cojo su pelo y acaricio su rostro con amor en pleno sexo oral Ella, muerde mi pelvis, juega con mi ombligo y me pierde en el espacio sideral Yo, la acomodo en posturas profundas, sensibles y apasionadas Ella, busca consuelo en la almohada, y frívola a su comodidad, disfruta del intenso placer de la cama. Yo, me dejo llevar por el camino de su clímax Ella, tan gustosa y sensual, me hace de guía en su nido, que al terminar espero se convierta en mi nicho. "Déjame ayudarte a perder la decencia, purificando tu cuerpo con mis besos"

¿A donde va el deseo cuando volvemos a ponernos la ropa? (Parte I)

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Sabía que en algún momento ella caería en mi cama. No porque lo hubiera planeado, sino porque la tensión entre nosotros era inevitable, como si el destino nos empujara lentamente hacia ese punto. Aquella mañana salimos de clase temprano. El plan era sencillo: tomar unas cervezas junto al río, disfrutar de la brisa fresca, reírnos de nuestras tonterías, pero ambos sabíamos que esa tarde llevaría mucho más que risas. Desde que nos conocimos, había una química innegable, un deseo reprimido bajo la excusa de la amistad. La anticipación flotaba en el aire cada vez que nuestras miradas se cruzaban. Nos deseábamos, eso era evidente, pero también temíamos lo que ese deseo traería consigo. Yo tenía miedo de enamorarme, y ella, de que no lo hiciera. Un equilibrio precario que manteníamos en silencio, entre bromas y juegos de palabras, pero esa tarde, sentí que algo iba a cambiar. Nos sentamos en la orilla del río. Las cervezas frías y el calor de la tarde contrastaban con el frío viento que come...

Teniendo ganas de nada y a la vez de ti...

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Parte I Distorsionamos miradas que intentábamos no perder nos cuesta sostenerlas pero al final cedemos y las bajamos. Nos miramos los pies, las manos, nos miramos de reojo y nos volvemos a dejar vencer. Y de nuevo volvemos a mirarnos y en un segundo nos compenetramos. Sabemos que es lo mismo lo que sentimos, lo que nos pesa, esas cadenas intensas que nos atan sin atarnos y que nos detienen, sin detenernos. "No deseo para tu piel, mas placer que el de tu boca para mis besos."