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Mostrando entradas de septiembre, 2024

¿A dónde va el amor cuando volvemos a ponernos la ropa? parte IV (final)

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¿Dónde va el amor cuando volvemos a ponernos la ropa? En esta historia, dos almas se enredan en una espiral de deseo y emociones no resueltas. A lo largo de cada encuentro, se despojan no solo de la ropa, sino también de las barreras que los separan, mientras el miedo a enamorarse acecha en cada suspiro, en cada caricia contenida. A través de silencios, cuerpos encendidos y despedidas que no terminan de ser finales, se construye un vínculo tan fugaz como inolvidable. En este cuarto y último capítulo, la tensión acumulada llega a su punto más alto. La despedida se hace inevitable. Ambos saben que ya no hay vuelta atrás. Y sin embargo, en ese instante suspendido, hay dulzura. Melancolía. Una ternura resignada. Se explora ese espacio frágil donde la pasión y el adiós se rozan por última vez. El cuerpo recuerda. El corazón tiembla. Y los labios se separan. ¿Qué queda después del placer? ¿Dónde va el amor cuando volvemos a ponernos la ropa? Y para quienes, como yo, ven en septiembre algo es...

De cara al viento 1

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Les voy a contar una historia que le pasó a una amiga de un amigo... Adel es una estudiante. No importa mucho de qué, porque ese detalle no es lo esencial de la historia. Bueno, tal vez sí, un poco, pero ya verán por qué. Esta es la historia de una chica de 20 años que se quedó sola un fin de semana en su piso de estudiantes porque tenía que entregar unos trabajos importantes. Pero Adel, aunque capaz de hacerlo por su cuenta, tenía una relación demasiado cercana con la procrastinación y su amor por los petillas la mantenía apalancada en el sofá más de lo que debía. Era obvio que necesitaba a alguien que la levantara y la motivara, alguien que con su compañía hiciera de los trabajos una diversión, algo nuevo que experimentar. Así comienza la historia de Adel, y aquí los dejo con ella. Era sábado por la tarde, y Adel estaba muy liada con los trabajos que tenía que entregar la semana siguiente. La fecha límite le pesaba, pero no tanto como la flojera que la mantenía distraída, buscando ...

Justo en el tiempo (Estoy en el tiempo que tengo que estar.)

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Estoy en el lugar preciso. Estoy donde creo que debo estar, junto a ti, aunque tú no lo sepas, rozando tu sombra, acariciando tu esencia, silencioso, como el viento antes de la tormenta. Estoy casi en tu piel, a un suspiro de poder tocarte, de recorrer con mis dedos la ruta de tus secretos, de desatar la corriente que escondes bajo el mar de tus latidos dormidos. Estoy excepto, casi otoñal, como una hoja que no cae, que flota entre estaciones sin pertenecer del todo, excepto en ti, donde el tiempo pierde su urgencia, y cada segundo se desvanece en el deseo contenido, en el anhelo silente. De esos exceptos que no influyen en el tiempo… o quizás sí, porque este instante que nos envuelve es eterno en su brevedad. El espacio entre tus labios y los míos es un abismo que me atrae y me consume. En este momento solo puedo verte, y comprender. Ver cómo tu piel llama a la mía, cómo tus ojos cuentan historias que mis manos quieren escribir en tu cuerpo, palmo a palmo, suspiro a suspiro, hasta que...

Humedad entre las sábanas

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La noche suspira en tus caderas, donde la luna se detiene a acariciar. Cada movimiento es una promesa, un susurro que apenas se deja escuchar. Tus manos dibujan en mi piel el mapa de un deseo sin fronteras, y en cada roce, un rayo de fuego enciende el pulso de la espera. Humedad entre las sábanas, un lenguaje sin palabras, donde los cuerpos conversan con sudores, gemidos y miradas. El aire se espesa con nuestro aliento, el tiempo se detiene en un vaivén perfecto, y en la penumbra de este encuentro nos volvemos uno, inmensos, eternos. Tu boca descubre el secreto que se oculta en la curva de mi cuello, y, en ese instante, somos cielo y tierra fundidos en un mismo destello. Humedad entre las sábanas, donde todo se derrama, como un río indomable, que en tu cuerpo se embalsama. Y cuando la pasión amaina, queda el eco suave de la calma, dos cuerpos, aún temblorosos, que en silencio comparten el alma.

A dónde va el deseo cuando volvemos a ponernos la ropa (Parte III – Mery Ann)

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Pasaron varios días desde aquella noche junto al río. Al principio traté de no pensar demasiado, de dejar que el recuerdo de su piel contra la mía se quedara donde supuestamente pertenecía: en el pasado. Pero cada vez que cerraba los ojos, ella volvía. Volvía su calor, su olor a sexo, el sonido de sus gemidos resonando en mi mente como un eco que se negaba a morir. Sabía que no podía seguir así. El problema no era solo la intensidad de nuestros encuentros, sino lo que significaban para mí. Desde aquella tarde, todo comenzó a desmoronarse. Las certezas de antes ahora se veían borrosas, como si una neblina densa lo cubriera todo. Me sentaba frente al cuaderno, intentando escribir algo, lo que fuera, con la esperanza de sacar afuera lo que me quemaba por dentro. Pero las palabras no venían. Solo frases sueltas, tachones, hojas arrugadas desparramadas por el suelo. Nada tenía sentido. Me sentía atrapado entre el deseo de tenerla cerca y el miedo de perderme en el intento. Me recosté en l...