De cara al viento 1
Les voy a contar una historia que le pasó a una amiga de un amigo...
Adel es una estudiante. No importa mucho de qué, porque ese detalle no es lo esencial de la historia. Bueno, tal vez sí, un poco, pero ya verán por qué. Esta es la historia de una chica de 20 años que se quedó sola un fin de semana en su piso de estudiantes porque tenía que entregar unos trabajos importantes. Pero Adel, aunque capaz de hacerlo por su cuenta, tenía una relación demasiado cercana con la procrastinación y su amor por los petillas la mantenía apalancada en el sofá más de lo que debía. Era obvio que necesitaba a alguien que la levantara y la motivara, alguien que con su compañía hiciera de los trabajos una diversión, algo nuevo que experimentar.
Así comienza la historia de Adel, y aquí los dejo con ella.
Era sábado por la tarde, y Adel estaba muy liada con los trabajos que tenía que entregar la semana siguiente. La fecha límite le pesaba, pero no tanto como la flojera que la mantenía distraída, buscando cualquier excusa para no empezar. Sin embargo, en lo profundo sabía que necesitaba una chispa, un empujón, algo que hiciera de aquel tedio algo más llevadero. Entonces, tuvo una idea: llamó a Violet.
Violet era todo lo que Adel necesitaba ese día. Espontánea, creativa y con una energía contagiosa. Además, Violet no solía venir sola; siempre aparecía con su pareja, Mark, y juntos formaban un dúo perfecto para cualquier tipo de aventura. Lo que empezó como una colaboración artística pronto se convirtió en un encuentro lleno de diversión y, para sorpresa de Adel, algo más.
Cuando Violet y Mark llegaron al piso, traían consigo no solo ideas frescas para los proyectos, sino una actitud que transformó la tarde por completo. La tensión de los trabajos pendientes empezó a desvanecerse, y lo que comenzó como una sesión de creación artística se fue entrelazando con un ambiente de complicidad. Los pinceles que usaban para el proyecto pronto se deslizaron más allá del lienzo, y las risas que llenaban la sala se volvieron más cercanas, más íntimas.
Adel, que siempre había sido más tímida en este tipo de situaciones, se dejó llevar por la atmósfera. Violet y Mark no solo lograron hacer que el trabajo dejara de ser una obligación; lo convirtieron en un juego, en una experiencia completamente nueva para los tres. Las manos que antes dibujaban figuras abstractas sobre el papel comenzaron a explorar otras texturas, otras pieles. El aire del pequeño piso se fue volviendo más denso, más cálido, y de repente, todo dejó de ser una simple colaboración académica.
La obra de arte que crearon juntos aquella noche no era solo un proyecto de clase. Era algo mucho más visceral, más personal. Los trazos que antes eran solo formas en un papel ahora parecían reflejar la conexión que habían descubierto entre ellos. Las horas pasaron entre risas, caricias y pinceladas, y el proyecto, que en un principio parecía una tarea abrumadora, se convirtió en una excusa para explorar sensaciones nuevas.
Al final, el trabajo de plástica fue entregado a tiempo. Pero lo que realmente quedó grabado en la memoria de Adel no fue la obra que habían creado, sino la intensidad de esa noche, la libertad que sintió al romper con las expectativas y sumergirse en algo tan inesperado como excitante.
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