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ventanas: Bajo la piel de la ciudad - parte dos

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 Clara baja las escaleras del edificio con un abrigo largo que le cubre las piernas. Afuera, la madrugada tiene el olor metálico de una ciudad que no descansa. Un Audi negro la espera junto al bordillo: vidrios oscuros, motor encendido, promesa de dinero rápido. Cuando abre la puerta, el perfume de cuero caro se mezcla con un aliento agrio que no necesita presentaciones. El hombre la mira de reojo mientras conduce. Robusto, de manos grandes y uñas descuidadas. Clara lo lee en un instante: un cliente que cree mandar, pero que no sabrá qué hacer cuando el deseo cambie de manos. Esa lectura la enciende. Le gusta adivinar la grieta de cada hombre. En el hotel, las luces tenues se confabulan con su oficio. Clara se mueve con una seguridad que desarma. Deja que el abrigo resbale como una invitación lenta. Se aproxima, le roza el cuello con la punta de los dedos, susurra palabras que suenan a orden y a caricia al mismo tiempo. Cada gesto suyo es un mapa que lo conduce a un lugar del que n...

Llueve

Llueve. No para de llover. Contemplo el incesante goteo desde mi rincón en la acera. Finos hilos de agua caen del cielo, resbalando sobre el asfalto y formando pequeños riachuelos que se deslizan hasta las alcantarillas cercanas. A ratos, un coche pasa a toda velocidad, destruyendo esas frágiles corrientes y levantando pequeñas olas que salpican todo a su alrededor. Yo, Eduardo, el pobre idiota que lleva más de media hora sentado aquí, soy una de sus víctimas. Aún así, apenas noto la humedad en mi ropa. Estoy resguardado bajo un toldo, aunque eso no impide que el frío me atraviese los huesos. Mis manos están heladas, mi piel tirante y mi cuerpo rígido, como si pudiera resquebrajarme en cualquier momento. No importa. Solo estoy aquí, mirando la lluvia, dejando que la monotonía de su golpeteo me consuma. Se suponía que esta sería mi noche. Blanca, la chica en la que había puesto mis esperanzas, bailaba sola en la pista. Desde la barra, la observaba moverse con la cadencia de la música, ...

El Perfume de la Noche

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(Primera Parte) La conocí en un lugar que no existe en los mapas, un rincón de la ciudad envuelto en sombras y perfumes orientales. El aire era espeso, cargado de especias y susurros. No sé si fue el incienso o la manera en que sus ojos me recorrieron como si ya me conociera, pero supe que estaba perdido en el instante en que se acercó a mí. —No deberías estar aquí —dijo, con una voz que tenía la cadencia de una promesa rota. Sonreí. Sabía que no debía, pero mi cuerpo ya había decidido por mí. Llevaba un vestido de seda escarlata, ceñido a su cuerpo como si la tela no quisiera separarse de su piel. Su perfume era un arma. No era dulce, sino oscuro, como un secreto compartido en la madrugada. Cuando sus dedos tocaron mi muñeca, un escalofrío recorrió mi columna. Un roce apenas perceptible, pero suficiente para incendiarme. —Ven —susurró, con la certeza de alguien que da órdenes, no invitaciones. La seguí por un pasillo apenas iluminado, con luces tenues que parpadeaban como si la electr...

Hola Mundo hermoso!

Hoy es un día especial para mí. ¡Porque cumplo 40 añazos! Si hoy 27 de septiembre del 2024. Es raro, siento que en este último año, he tenido la oportunidad de crecer como escritor, he dedicado más tiempo a corregir y a publicar nuevas cositas, tanto en Papel como online. He podido dedicar un poco más de tiempo a los blogs donde escribo. He terminado muchas entradas que tenía en borrador pendiente de que las termine de redactar desde hace año. Despierta   No te duermas despierto , no dejes que tu cuerpo repose mientras tu alma arde en deseos no cumplidos.  No quemes tus manos con el fuego de otro , toca solo aquello que te enciende desde adentro, aquello que te hace temblar de placer, no por miedo, sino por la intensidad de lo que sientes. No respires humo , deja que el aire que entra en tus pulmones esté cargado de vida, de ganas. Que cada inhalación despierte en ti una sensación nueva, que te haga vibrar desde lo más profundo de tu piel. No vivas con los brazos inmóviles , n...

¿A dónde va el amor cuando volvemos a ponernos la ropa? parte IV (final)

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¿Dónde va el amor cuando volvemos a ponernos la ropa? En esta historia, dos almas se enredan en una espiral de deseo y emociones no resueltas. A lo largo de cada encuentro, se despojan no solo de la ropa, sino también de las barreras que los separan, mientras el miedo a enamorarse acecha en cada suspiro, en cada caricia contenida. A través de silencios, cuerpos encendidos y despedidas que no terminan de ser finales, se construye un vínculo tan fugaz como inolvidable. En este cuarto y último capítulo, la tensión acumulada llega a su punto más alto. La despedida se hace inevitable. Ambos saben que ya no hay vuelta atrás. Y sin embargo, en ese instante suspendido, hay dulzura. Melancolía. Una ternura resignada. Se explora ese espacio frágil donde la pasión y el adiós se rozan por última vez. El cuerpo recuerda. El corazón tiembla. Y los labios se separan. ¿Qué queda después del placer? ¿Dónde va el amor cuando volvemos a ponernos la ropa? Y para quienes, como yo, ven en septiembre algo es...

De cara al viento 1

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Les voy a contar una historia que le pasó a una amiga de un amigo... Adel es una estudiante. No importa mucho de qué, porque ese detalle no es lo esencial de la historia. Bueno, tal vez sí, un poco, pero ya verán por qué. Esta es la historia de una chica de 20 años que se quedó sola un fin de semana en su piso de estudiantes porque tenía que entregar unos trabajos importantes. Pero Adel, aunque capaz de hacerlo por su cuenta, tenía una relación demasiado cercana con la procrastinación y su amor por los petillas la mantenía apalancada en el sofá más de lo que debía. Era obvio que necesitaba a alguien que la levantara y la motivara, alguien que con su compañía hiciera de los trabajos una diversión, algo nuevo que experimentar. Así comienza la historia de Adel, y aquí los dejo con ella. Era sábado por la tarde, y Adel estaba muy liada con los trabajos que tenía que entregar la semana siguiente. La fecha límite le pesaba, pero no tanto como la flojera que la mantenía distraída, buscando ...

Justo en el tiempo (Estoy en el tiempo que tengo que estar.)

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Estoy en el lugar preciso. Estoy donde creo que debo estar, junto a ti, aunque tú no lo sepas, rozando tu sombra, acariciando tu esencia, silencioso, como el viento antes de la tormenta. Estoy casi en tu piel, a un suspiro de poder tocarte, de recorrer con mis dedos la ruta de tus secretos, de desatar la corriente que escondes bajo el mar de tus latidos dormidos. Estoy excepto, casi otoñal, como una hoja que no cae, que flota entre estaciones sin pertenecer del todo, excepto en ti, donde el tiempo pierde su urgencia, y cada segundo se desvanece en el deseo contenido, en el anhelo silente. De esos exceptos que no influyen en el tiempo… o quizás sí, porque este instante que nos envuelve es eterno en su brevedad. El espacio entre tus labios y los míos es un abismo que me atrae y me consume. En este momento solo puedo verte, y comprender. Ver cómo tu piel llama a la mía, cómo tus ojos cuentan historias que mis manos quieren escribir en tu cuerpo, palmo a palmo, suspiro a suspiro, hasta que...

Humedad entre las sábanas

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La noche suspira en tus caderas, donde la luna se detiene a acariciar. Cada movimiento es una promesa, un susurro que apenas se deja escuchar. Tus manos dibujan en mi piel el mapa de un deseo sin fronteras, y en cada roce, un rayo de fuego enciende el pulso de la espera. Humedad entre las sábanas, un lenguaje sin palabras, donde los cuerpos conversan con sudores, gemidos y miradas. El aire se espesa con nuestro aliento, el tiempo se detiene en un vaivén perfecto, y en la penumbra de este encuentro nos volvemos uno, inmensos, eternos. Tu boca descubre el secreto que se oculta en la curva de mi cuello, y, en ese instante, somos cielo y tierra fundidos en un mismo destello. Humedad entre las sábanas, donde todo se derrama, como un río indomable, que en tu cuerpo se embalsama. Y cuando la pasión amaina, queda el eco suave de la calma, dos cuerpos, aún temblorosos, que en silencio comparten el alma.

A dónde va el deseo cuando volvemos a ponernos la ropa (Parte III – Mery Ann)

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Pasaron varios días desde aquella noche junto al río. Al principio traté de no pensar demasiado, de dejar que el recuerdo de su piel contra la mía se quedara donde supuestamente pertenecía: en el pasado. Pero cada vez que cerraba los ojos, ella volvía. Volvía su calor, su olor a sexo, el sonido de sus gemidos resonando en mi mente como un eco que se negaba a morir. Sabía que no podía seguir así. El problema no era solo la intensidad de nuestros encuentros, sino lo que significaban para mí. Desde aquella tarde, todo comenzó a desmoronarse. Las certezas de antes ahora se veían borrosas, como si una neblina densa lo cubriera todo. Me sentaba frente al cuaderno, intentando escribir algo, lo que fuera, con la esperanza de sacar afuera lo que me quemaba por dentro. Pero las palabras no venían. Solo frases sueltas, tachones, hojas arrugadas desparramadas por el suelo. Nada tenía sentido. Me sentía atrapado entre el deseo de tenerla cerca y el miedo de perderme en el intento. Me recosté en l...

Desde mi ventana

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Te follaria con los ojos cerrados; al viento y sin escrúpulos;  Te besaría tanto. Tanto que te empaparías, en un éxtasis fluvial. Jugosa como la manzana de Eva y Adán taciturna perdida. Adicta a conectarte Ángel del recoveco oscuro de mi sexo. Pupilas moradas y aullidos voraces, Que se limitan, a morderte el ombligo. A pervertirte los senos Y cabalgarte entre gemidos. "Desde mi ventana puedo ver el mundo que imagino, lleno de ti y de alcobas pasajeras. Extravagantes noches de mentira; amaneceres mojados y despertares comprometidos. Desde mis ventanas puedo ver el mundo; te veo a tí y no quiero ver mas nada. Te follaria entera sin desperdiciarte ni un poquito."